Conoce México Bizarro 2, un compendio de hechos muy particulares que solamente podrían haber ocurrido en nuestro país

Después de una plática con un editor chileno que labora para la editorial Planeta en México, el afamado comunicador especialista en cultura, Julio Patán y el historiador Alejandro Rosas, acordaron escribir un libro a modo de compendio, en el cual contaran anécdotas repletas de picardía y extrañeza en México, así fue como surgió el primer tomo de México Bizarro. Hoy toca hablar de su segunda parte.

Desde el oso panda de Chapultepec nombrado Tohuí por un niño chihuahuense al que se le prometió una beca de por vida y nunca se le dio, pasando por personajes emblemáticos, como Fernando Marcos, un futbolista, árbitro, cronista y productor de cine, a quien culparon indirectamente por el incendio del Estadio del Club de Futbol Asturias, hasta casos realmente escabrosos ligados al deterioro de la sociedad: la historia de un hombre que pasó de portero brillante de los rayados del Monterrey a secuestrador: El Gato Ortiz.

Con una amplia muestra de conocimientos, comedia y crítica social, tanto Patán como Rosas, desgranan 92 historias divididas en cuatro grupos: política, el universo alterno de un gobierno inverosímil; entretenimiento, un almanaque del humor involuntario; leyendas urbanas, aterradores capítulos del imaginario mexicano reciente; y santoral bizarro, una pléyade variopinta de personajes realmente particulares.
Desde épocas ancestrales la leyenda y el mito son dos géneros que se nos dan bastante bien y México Bizarro 2 está aquí para atestiguarlo

El barrio de Xochimilco se lleva un par de leyendas en este libro. El primero es una historia de manatíes deambulando por sus canales, y aunque no existen registros claros de ello, se cuenta que un jefe de la delegación en los años 70 mandó traer unos cuantos de esos mamíferos marinos para lidiar con una plaga de lirios. Pero el remedio salió más cruel que la plaga, pues se cuenta que dichos animalitos terminaron hechos carnitas por los lugareños del barrio. Otra leyenda data del tiempo de la revolución en que un cirujano, que fue Secretario de Gobierno en la breve presidencia de Victoriano Huerta, fue denominado como el vampiro de Xochimilco, tanto por sus sospechosos gustos necrofílicos, como por su costumbre de sangrar a la gente pobre (en forma metafórica), para quitarles sus terrenos a modo de pago por sus servicios médicos.